Con sus Danzas Tradicionales, la Cultura Totonaca Se Expresa en Cumbre Tajín

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La cultura del Totonacapan ha empezado a hacerse presente en la edición 2015 de la Cumbre Tajín, el Festival de la Identidad, y una de sus principales manifestaciones son las distintas danzas de la región, con las que esta civilización milenaria expresa su cosmovisión y su relación con la naturaleza y las deidades.

La más emblemática de ellas es, sin duda, Los Voladores de Papantla, la cual evoca que, cuando los hombres dejaron de agradecer lo que les era dado por los dioses y la Madre Tierra, vino una gran sequía; entonces, un anciano vio al sol proyectado en un manantial, y la deidad le indicó lo que debía hacer para que la tierra volviera a florecer: cinco jóvenes subieron a la cima de un árbol y descendieron marcando las cuatro direcciones de la tierra para plantar la nueva semilla que daría felicidad al pueblo.

Desde entonces, el pueblo totonaca no ha dejado de plantar estos palos sagrados, desde los que invita a la humanidad de los cuatro puntos cardinales a ser agradecidos por los bienes recibidos y a plantar semillas de felicidad por el mundo.

Ataviados con vistosos penachos de forma circular, otros característicos danzantes de esta región son Los Quetzales, que se practica principalmente en Coatzintla, Coxquihui y Coyutla, y que recuerda el tiempo en que los quetzales bajaban a la tierra a comerse el maíz, y al arroyo a beber agua; después de saciar su hambre, descendían a la tierra para agradecer a la Madre Naturaleza por el alimento recibido, silbando y bailando extendiendo sus coloridos plumajes, para después proseguir su vuelo de cuatro en cuatro celebrando la vida.

Se cuenta que un joven observó esta hermosa danza, y asombrado bailó y silbó hasta que logró aprender su canto e imitar sus movimientos, y construyó una flauta y un tambor para acompañar su baile. Luego, enseñó a sus hijos los pasos y sonidos para imitar al pájaro y alabar a los dioses, un legado que se realiza con devoción, fe y espiritualidad hasta el día de hoy.

La de Los Negritos representa a los esclavos africanos que llegaron a la costa de Veracruz y trabajaban en la siembra y cosecha de la caña para elaborar panela. Representa la leyenda que cuenta la historia de ocho negritos y su hermana, la Maringuilla; que partieron al monte en busca de un árbol para fabricar un trapiche, pero uno fue mordido por una culebra. La hermana busca a los abuelos, quienes curan al negrito con hierbas y rezos.

En la danza de Los Huehues o Tejoneros, originaria de Filomeno Mata, se hacen presentes los tiempos en los que los hombres salían de caza en busca de tejones u otros animales para alimentar a su familia, y en ocasiones se encontraban con los seres míticos que habitan en el campo, las personitas, recibiendo de ellos sus gracias.

La alegría y el colorido de este baile son acompañados por el violín, la jarana y la quinta huapanguera, y las máscaras representan la protección de los antepasados que utilizaban cuando salían de cacería. Sus personajes: huehues (varones), chinulas (mujeres), payasos, dos muñecos guiñol que caracterizan a dos personitas, un pájaro carpintero (chenchere pica palo) elaborado en madera y dos tejones disecados.

En Coahuitlán se practica la danza de Los Ormegas, que representa al son de cascabeles, la lucha de Santiago Caballero, que lleva un caballito de madera y su hijo Caín o Callitzin, representado por un niño de entre siete y 10 años; contra el rey Pilatos, quien da muerte al pequeño, lo destaza y simula repartirlo entre el público. Sin embargo, Caín resucita, por lo que la inocencia triunfa sobre la maldad.

Estas son sólo algunos de los muchos bailables que el pueblo de esta región tiene y que con singular entusiasmo y devoción practican en fiestas patronales, o en los principales acontecimientos de la vida del hombre, como el nacimiento de un niño, el levantamiento de las madres después de la cuarentena o en los mismos funerales.

Danzas como La Doncella, Los Santiagueros, Las Flores, Los Chiquitos o Los Toreadores; expresiones con las cuales tratan no sólo de expresar su concepción del universo y de la naturaleza, sino también de las relaciones humanas y del eterno ciclo de la vida del ser humano.

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