«He Sido Bendecido»: Carlos Rivera

*Su hijo Caleb, su mejor amigo

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Veracruz, Ver., a 10 de enero de 2014.- San Germán, Puerto Rico vio crecer a uno de los jugadores que ha dejado una huella incomparable en Halcones Rojos Veracruz, él es Carlos Rivera, criado en un ambiente donde se jugaba mucho baloncesto, “siempre que paso por Puerto Rico, trato de pasar por el barrio (San Germán) a saludar a la gente que se ha quedado viviendo ahí”, recuerda con orgullo.

El tercero de cuatro hijos, Carlos habla de su mamá con mucho orgullo su mamá la señora Vivian Ruiz, “es una persona trabajadora, muy tranquila, llena de paz; y con admiración de su papá el señor Rubén Rivera “ un señor de pueblo, le gusta hablar, socializar, le gusta la fiesta pero sobre todo muy trabajador”; entre risas comenta “desde pequeño estuvieron ´corriendo´ conmigo, recuerdo que sábado y domingo era llevarme a las canchas; ellos son parte de lo que soy hoy, fueron responsables conmigo y ahora de la misma manera trato hacerlo con mi hijo (Caleb)”.

Su infancia fue normal, tranquila “haciendo cosas que todo niño pequeño hace”, creció entre puras mujeres pero en el barrio se juntaba con un grupo de chicos donde él era el menor. Como estudiante tenía rachas malas pero su mamá siempre estuvo al pendiente de que sus hijos estuvieran bien en la escuela.

A los 16 años Carlitos se fue a Miami “las cosas no pintaban muy bien para las personas que se quedaban (en Puerto Rico). (Para) los jugadores especialmente, era sueño de todos irse, se me dio la oportunidad, hay que aprender a independizarse desde temprano y he pensado que fue lo mejor haberme ido”. Los dos años que vivió en Miami y jugar en la universidad “te abre mucho las puertas, ya cuando terminas tus cuatro años de estudios tienes muchas oportunidades”, comentó.

La vida lo sorprende cuando en 1998 logra firmar con uno de los equipos con más campeonatos en el baloncesto de su natal Puerto Rico, donde también se encontraría con Eddie Cassiano, quien en ese momento era la estrella en su país; quién diría que años más tarde sería su entrenador en Halcones Rojos, “esa fue mi primera experiencia, pero sí muy chavito firmé profesional imagínate ya estaba jugando con hombres”, recuerda. Posteriormente se va a jugar a Polonia “(eso) fue grande para mí, no muchos jugadores de ese pueblo habían jugado en Europa y se me dio la oportunidad y gracias a Dios me fue bien”.

El cambio no fue difícil pues llega a la capital de Polonia, donde se encuentra con una ciudad “americanizada”, donde sus compañeros hablan inglés y se encuentra con caras conocidas “tuve la bendición de jugar con un jugador que jugó en la universidad a la que yo fui, y ya nos conocíamos, los dos caímos en el mismo equipo esto fue más cómodo”. Carlos disfrutó mucho su estancia en ese país, “trato de aprender y no pensar en cosas malas”.

Regresa a Puerto Rico pero esta vez lo haría con los Capitanes de Arecibo, donde llega y se coronan campeones “otra experiencia nueva, porque era otra ciudad a una hora y cuarenta y cinco (minutos) de mi casa, me trató bien la fanaticada, compañeros super buenos; una experiencia bien bonita en Arecibo”, recordó.

Su llegada al puerto de Veracruz se da gracias a Manolo Cintrón que lo conoce de años atrás pues, Manolo tiene amistad con el señor Rubén Rivera, “yo sabía que el equipo tenía un peso grande, venían de un año que tenían una expectativa muy alta, gracias a Dios llegamos a la final; ese año no se nos dio, yo creo que hubo muchas lesiones que nos pusieron una piedra en el camino; me lesioné yo en la semifinal, pero fue una buena experiencia que ese año llegáramos tan lejos, por el equipo que teníamos, no era el mejor que ha tenido Halcones Rojos”.

Para todo jugador profesional las lesiones son temas bastante delicados pero para Carlos Rivera no han sido impedimento para seguir su sueño de jugar baloncesto; en su estancia con Halcones Rojos ha sufrido dos lesiones que lo han llevado a ver los partidos desde la banca, “son parte del juego, tengo una muñeca operada, tengo las dos rodillas operadas, uno aprende a vivir con eso, te hace apreciar más tu trabajo, porque cuando uno está fuera se ven las cosas diferentes, yo creo que cuando uno va a creciendo y va madurando aprende a trabajar con las lesiones y las molestias; uno aprende a trabajar con su cuerpo a cuidarse más, hay jugadores que no se lesionan nunca, hay otros que son una super estrella y terminan su carrera por lesiones, yo gracias a Dios he tenido la oportunidad de volver y hasta ahora no han ocurrido lesiones serias que pongan en peligro mi carrera”.

Carlos Rivera ha sido bendecido pues es uno de los extranjeros con más temporadas en la franquicia; actualmente está jugando su quinta temporada con el equipo “lo veo como una bendición y así trato de pasarle este mensaje a los muchachos; para mí, por mucho, esta es la mejor franquicia que hay en la liga, porque estamos en una buena organización y además hay buenas personas alrededor”. Su responsabilidad como capitán del equipo lo ha llevado a tener más comunicación con los jugadores jóvenes y así poderle transmitir sus experiencias que como el mismo dice “han sido altas y bajas”, pero dentro de la duela, “trato de hablar con los jugadores para que entiendan lo que quiere el entrenador”.

Faltando dos años para terminara de estudiar la Universidad conoce a su esposa Zaymarie y con cariño comenta “en mi segunda operación de rodilla me fui de viaje a Puerto Rico; estaba de vacaciones de la universidad, fue por un amigo en común, en una fiesta nos conocimos y durante mi estancia en Puerto Rico seguimos saliendo y así empezó nuestra relación de larga distancia”. Los dos supieron encontrar los momentos para poder estar juntos, pero durante su último año de universidad reciben la noticia de que serían papas “gracias a personas allegadas a nosotros nos ayudaron para poder viajar, ella iba con el nene, uno de los entrenadores que tenía en la universidad me dio la mano, cuando yo tenía una oportunidad yo viajaba a Puerto Rico, pero si fue difícil teníamos el hijo y tenía que estar en la Universidad, de hecho estaba estudiando y trataba de trabajar para poder pagar los ´pampers´ y la leche, pero sí hubo personas que nos dieron la mano y nos ayudaron porque no teníamos recursos, uno tiene que estar agradecido toda la vida”.

Reconoce el trabajo de su esposa, sabe que tiene a una gran mujer a lado suyo “grande, es una persona grande; yo creo que no hubiese podido hacer muchas cosas si no fuera por ella, ella no trabaja, no devenga salario por su trabajo de ama de casa, pero todas las cosas que hace, a veces ella es madre y padre, el otro día se enfermó y yo dos días lo hice y ella lo ha hecho por siete años, es mi mano derecha, es la que ha estado ahí, es la primera persona que cuando pasan cosas difíciles ahí está, ha sido fuerte, siempre está apoyándome, ella siempre está detrás de Caleb”.

Sin duda alguna ver hablar a Carlos Rivera sobre su ´nene´ Caleb es ver una cara de orgullo, satisfacción y amor. Al preguntarle sobre el sentimiento al tener a su hijo entre sus brazos comentó “un poco asustado, yo creo que nadie está preparado para ser padre, eso vas adquiriendo experiencia y sientes ese amor, las primeras noches nos levantábamos los dos a darle leche, una experiencia que me cambió, si la experiencia de irme de Puerto Rico me cambió la vida porque deje de ser un niño a ser un hombre, ésta ya es una responsabilidad bien grande; antes de eso estaba viviendo solo, ahora vivo para él y para mi esposa, porque son lo que tengo”, comenta mientras observa a su hijo jugar un partido de la Escuela de Baloncesto Infantil y Juvenil Halconcito Rojos Veracruz, a la que pertenece.

Dicen que los hijos ven a sus padres como sus ídolos, y Caleb tiene una hermosa relación con Carlos Rivera, y a pesar de que le han inculcado el deporte no le meten ninguna presión, el niño ha sido quien ha decidido qué deporte quiere practicar “desde pequeño tengo fotos de él a los dos años ya con una bola, lo que él quiera, luego me dice ´papi apúntame en pelota´, aquí lleva jugando soccer los últimos tres años, este año está entre soccer y baloncesto, pero si a él le gusta la mamá hace el sacrificio y mientras yo pueda vendré a verlo, el día que él diga que no quiere hacer más nada se dedicará al estudio. Creo que el deporte ya lo trae en la sangre”.

Se considera más que un padre un amigo para su hijo y trabaja para darle lo mejor “no quiero que pase por las cosas que pase, quiero que sea una mejor persona de lo que yo fui, yo lo que le digo es que él puede ser mejor que yo, le inculcamos los estudios y que sea una buena persona, tratamos de enseñar los dos lados de la moneda, es un niño noble, es un muchacho que no da problemas”.

Mientras habla de su abuelo, a quien considera su ídolo, el capitán de Halcones Rojos no puede impedir que la emoción haga presa de él “yo siempre he dicho que soy bendecido, mi abuelo es como si fuera mi papá, él fue el que me enseñó que en la vida hay que hacer las cosas bien hechas, él fue bien fuerte con nosotros pero a la misma vez nos dio todo, mi familia, por parte de mi mamá, no fuéramos hoy en día lo que somos si no fuera por mi abuelo Carlos Ruiz, mi abuela es una persona que vive para su familia, está loco con mi hijo y mi esposa, es el mejor ser humano que he conocido en mi vida, los mejores consejos de la vida me los ha dado mi abuelo, hablamos mucho, es una persona que quiero demasiado, es la persona que yo quiero ser como abuelo con los hijos de Caleb, él fue una persona grande en mi familia para mi es lo máximo que me ha pasado”.

Gracias al baloncesto, pudo estudiar Criminología “era lo que me gustaba desde pequeño, pero mi primer trabajo es el baloncesto, no sé si algún día vaya a ejercer mi carrera, pero hay que tener un plan “B” y para mí el plan “A” y el plan “B” es el baloncesto el plan “C” es ejercer mi carrera”.

UN POCO MÁS DE CARLOS

Su primer trabajo: “San Germán, cuando firmé profesional ni pendiente estaba yo al salario creo que me gané 1200 dólares, la quincena llegaba como de 100 dólares, lo primero que hice fue comprarme un celular, pero más (importante fue) la experiencia de jugar con grandes figuras como Bobby Joe, Eddie Cassiano y extranjeros de renombre, pero yo disfrutando porque era el nene del equipo, todavía conservo amistades de esos dos años”.

Su mayor travesura: “no muchas le quité una bicicleta a un vecinito de más abajo, creo que le exploté la goma y salí corriendo, no me dedicaba a buscar un regaño o un correazo de mi papá”.

Extraña: “ahora mismo llevamos 7 u 8 años de no pasar una Navidad en Puerto Rico, y de todo es lo que más extraño, para mí el mejor tiempo de año, pero ya me acostumbré, pero aquí hacemos una fiesta y ya decidimos que así es nuestra familia”.

La cocina y él: “cuando me fui a Estados Unidos aprendí a cocinar por necesidad, pero cuando estoy aquí y mi esposa no está la cocina mía es bien fácil, pasta con salsa de tomate y pollo, y el desayuno”.

Su comida favorita: “yo diría que los mariscos, yo puedo comer mariscos todos los días, por eso mismo nos mudamos cerca de la playa, porque soy alguien que le gusta mucho la playa”

Si no hubieras sido basquetbolista: “pelotero, era muy bueno, estuve jugando pelota hasta que firmé profesional, pero era mejor pelotero que basquetbolista, jugué clase “A”, siempre me recuerdan que hubiese sido mejor pelotero”.

Música: “de todo, mi papá escuchaba mucha salsa siempre; desde chiquito me crié en ese ambiente”. No es muy bueno para el baile “no, llevamos tres años tratando de entrar a clases de salsa y no hemos podido, ya a Caleb se le pegó la salsa”.

Su mejor amigo: “yo diría que mi abuelo, literalmente hablando mi abuelo, mi papá y mi hijo; pero mi mejor amigo murió en un accidente de moto, se llamaba Daniel, no tuve la oportunidad de despedirme de él, pero fue una gran persona, fue como mi hermano mayor, él fue uno de los que me dijo que me fuera a Miami, recuerdo sus palabras ´no te queremos aquí, no vas a hacer nada así que haz las maletas y arranca´, Daniel murió cuando su hijo tenía 4 meses y todavía tengo relación con su mamá, su hijo es como si fuera mi sobrino, cuando nos reunimos lo recordamos, fue una buena persona,”.

Su mejor amigo en Halcones Rojos: “a Filiberto Rivera, lo conozco de Puerto Rico, llevamos jugando en contra muchos años, pero creo que con quien más me llevo es con Hugo (Carrillo), pero todos son buenos amigos, el Isaac (Gutiérrez), el (Fernando Benítez) “Nene”, Hugo, son buenas personas, Óscar fue mi compañero por dos años, hice gran amistad con Miguel Ayala, con Noé Alonzo siempre charló con él, son conversaciones buenas”.

Su tatuaje: “este tatuaje me lo hice cuando me lesione la segunda vez de la rodilla, estaba en la Universidad, era la tercera operación que tenía, la foto tenía una oveja y lo cambié, en la parte de arriba es un mensaje que dice ´en las manos de Dios´, porque pensé que mi carrera estaba en riesgo, después de eso no he tenido lesiones serias que pongan en riesgo mi carrera, fue algo que cayó en su punto en su momento, mi abuelo no se pierde ningún partido mío, dicen que cuando lo vio puso cara, pero cuando lo veo por respeto no se lo enseño”.

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