«Aprovechar esta Segunda Oportunidad»: González

*Feliz con su Medalla de Oro en el Premundial de Venezuela

gonzalez

Veracruz, Ver., a 8 de noviembre de 2013.- Porta el número 12 en el jersey de Halcones Rojos Veracruz, llegó de Culiacán, Sinaloa, para mostrar su potencial y demostrarse a sí mismo que puede ser alguien en el baloncesto. Es Jesús González, un ´culichi´ que quiere dejar huella en el corazón de los seguidores de la quinteta porteña.

Con tan sólo 27 años de edad, el sinaloense ya ha vestido las pieles de varios equipos de la Liga Nacional de Baloncesto Profesional pero su triunfo más grande ha sido portar con orgullo la camisa de la Selección Mexicana y representarnos en torneos de talla internacional como el Premundial Caracas 2013 donde ganaron la medalla de Oro y obtuvieron el pase al Mundial de España 2014 en la especialidad.

Nació el 14 de julio de 1986, en Costa Rica, Sinaloa; hijo único del señor Melesio González y Graciela Martínez, a la edad de tres años se va a vivir a Culiacán. Es conocido como “Cachuy”, aunque en realidad no sabe de dónde salió ese apodo “me lo dicen desde chiquito, no sé por qué”.

Para Jesús el ser hijo único no le afectó pues siempre estuvo acompañado “tengo un primo que se llama Irving Pérez con el que me llevaba mucho, le saco como tres años y siempre estábamos de un lado al otro, es como mi hermano”.

Desde muy pequeño mostró interés en los deportes y pudo practicar natación, beisbol, basquetbol, entre otros, pero fue hasta la Secundaria donde “Cachuy” empieza a involucrarse más en el mundo del deporte ráfaga.

Sus padres lo hicieron muy responsable con sus estudios “siempre traté de ir a clases, muchos faltaban pero yo desde las siete de la mañana estaba (en la escuela), mi mamá me acostumbró a nunca faltar a la escuela, siempre estar ahí, así me doliera la cabeza me mandaban a la escuela, realmente fueron contadas las veces que falté”.

Sus papás fueron una pieza fundamental en su formación “mi mamá es mi mejor amiga, a mi papá le tocaban (dar) los regaños, ya cuando mi mamá no podía entraba mi papá al quite, mi mamá me chiqueaba, pero mi papá le decía ´¡hey déjalo! que lo haga solo´, la verdad creo que hicieron muy buen trabajo”.

De niño fue hiperactivo y entre risas comenta “mi mamá dice que no me aguantaba, me la pasaba jugando todo lo que se pudiera fut, basquet, me daban hasta las once de la noche jugando en la cuadra, en sí me divertí mucho”. Uno de los momentos que más recuerda de su infancia el medallista de oro del Premundial de Venezuela, es “una vez que fuimos a Mazatlán, yo estaba chiquito, vi que mi papá se aventó a la alberca y yo fui y me aventé también pero no sabía nadar entonces me empecé a ahogar, mi mamá se aventó a salvarme y tampoco sabía nadar, pero me sacó, después sacaron a mi mamá y ya llegando a Culiacán me metieron a clases de natación”.

A pesar de ser hiperactivo no fue un niño travieso “travesura, travesura fuerte no, una vez en la Primaria a mi mamá y a mi tía las invitaron a modelar y ahí había canastas de basquetbol, vi una chiquita me colgué con las piernas agarrado, me empecé a balancear, me zafé y me caí, me desmayé, se hizo un alboroto en la fiesta, mi mamá se bajó de la pasarela y me llevaron al hospital, quedé inconsciente ya hasta el otro día supe qué onda”.

Todos sus estudios los realizó en Culiacán, hasta la Preparatoria; ahí su amigo Saúl Martínez lo recomendó para ir a unas visorias en la UPAEP “Saúl estudió en la UPAEP y me recomendó con el entrenador Javier Silíceos y ya fue que fui a los campos de Puebla y me dieron la beca”; a los 18 años se muda para poder estudiar Diseño y Producción Publicitaria.

Acepta que no le fue difícil alejarse de su ciudad y vivir solo y el estar lejos de la familia lo hicieron madurar “en realidad creo que me adapté muy rápido, todos vivíamos en la misma casa, todos éramos de fuera y la mayoría éramos del norte; en verdad no sentí el golpe de salirme de mi ciudad, pues convivíamos más con mis compañeros y se hizo una familia. Ya mis papás me habían enseñado lo bueno y lo malo, ya quedaba en mi decidir qué era lo mejor para mí”.

Jesús González tuvo la oportunidad de ganar una beca para estudiar en Estados Unidos en “New Mexico Junior College”, donde continuó sus estudios de Diseño Gráfico. Durante su estancia en ese país tuvo que demostrar de qué estaba hecho “fue un poco difícil; yo era el único mexicano, había un italiano y un venezolano, para los tres fue difícil, ya que ellos (los estadunidenses) tenían su grupo, pero la verdad fueron amables y nos llevamos bien”. Esa estadía en aquél país también le permitió saber un poco más del deporte ráfaga “conocer un sistema nuevo, una vida nueva del basquetbol, algo que no había vivido, eso fue una experiencia muy grata”.

A pesar de dar la apariencia de ser serio e introvertido es una persona muy social y entre risas comenta “me gusta mucho platicar, echar ´carrilla´ y cantar en la regadera”, no tiene un género de música en especial, acepta que le gusta desde el reggaeton, hip hop, electrónica pero cuando de acordarse de su tierra se trata orefiere la música norteña.

Considera a David Meza como uno de sus mejores amigos en la LNBP “nos conocemos desde chicos, empezamos a jugar juntos y hemos estado en varios equipos, cuando estuvimos en Xalapa vivimos en la misma casa, ahora también en la Selección, lo considero como mi hermano”. Adrián Zamora también lo considera un buen amigo, pues lo conoció cuando llegó a Xalapa “me tocó ir con él a la Selección en el 2010, ahí fue donde nos llevamos más, después en Huracanes y ahora aquí, platico mucho con él, su punto de vista “pocho” y sus comparaciones con Estados Unidos de lo que se hace allá y de lo que se hace aquí, siempre le pregunto cosas y le pongo escenarios, me da su punto de vista y yo le doy el mío, siempre tenemos pláticas muy amenas ”.

No ha fue noviero, ha tenido solo dos que han sido veracruzanas; la primera fue cuando llegó a la UPAEP “se llama Pamela Solís, es de Coatzacoalcos, ella estudiaba Medicina, la conocí por una amiga que estudiaba conmigo y a los dos o tres días de conocerla nos hicimos novios”. Su segunda relación fue durante su estancia en la ciudad de Xalapa; aunque suene difícil de creer lleva tres años soltero. Sí cree en el amor a distancia “para intentar algo así primero debes de tener una base, si conozco a alguien y nos ponemos de novios así rápido no creo que funcione, pero si ya tienen uno o dos años ya conoces a la persona, sabes cómo es y yo creo que así sí se puede establecer la relación”.

Una de las cosas que le ha dejado el vivir solo es que ha tenido que ir aprendiendo a cocinar “en la mañana me levanto, hago mi desayuno, vengo a entrenar y llegando también hago mi comida”, entre las cosas que se cocina están los medallones de pollo, arrachera marinada y pescado. Su comida favorita es el Sushi y los mariscos, pero eso sí sólo los mariscos del Pacífico. Extraña la crema de calabaza que cocina su mamá así como el asado, las cazuelas y la machaca.

Como todo amante del basquetbol su ídolo es Michael Jordan y Clyde Drexler “por su forma de jugar”, admira también a los mexicanos Manuel Raga, a quien considera una excelente persona, y a Gustavo Ayón a quien conoce desde que estaban en la Universidad (UV Xalapa) “el tener un referente de tan alta magnitud y saber que los dos empezamos igual, bueno, él empezó un poco antes, pero convivimos desde chicos y eso me da la oportunidad de creer que sí se puede”. Entre risas comenta qué haría si tuviera la oportunidad de tener enfrente Michael Jordan “le pediría un autógrafo y una foto, la cual traería en mi cartera, porque no cualquiera tiene una foto con él”.

Su primera oportunidad en el baloncesto mexicano le permite regresar a Culiacán con su familia “estando en Estados Unidos, me hablaron de Culiacán para decirme que iban a meter un equipo a la Liga Nacional, no sentí mucho cambio, el entrenador era un dominicano, era muy accesible, me sentía como pez en el agua”. Al poco tiempo se va con Halcones Uv Xalapa, donde ese año se corona campeón, de ahí brinca a los Ángeles de Puebla, terminando su temporada con los poblanos “me ofrecieron un trabajo en Ciudad del Carmen, y dejé el basquetbol, me ofrecían la seguridad, la garantía de por vida de tu trabajo y fue algo que pensé a futuro. “Cachuy” no deja aún lado su pasión y por el momento tiene permiso (en su trabajo) para poderle dedicar toda su atención y concentración a su carrera, donde sabe que aún le queda mucho camino por recorrer.

En el año 2010 se da la oportunidad de que vista los colores de la Selección Mexicana “tuve un poco de suerte, ya que en mi posición estaba faltando la gente, le mencionaron mi nombre al entrenador y me dieron la oportunidad, empecé a entrenar y gracias a Dios en los torneos preliminares me fue muy bien”. Su experiencia en el Premundial de Venezuela 2013 es algo que siempre va a recordar: “no me lo imaginaba, no me lo esperaba y quién iba a pensar que después de abandonar un poco el basquetbol iba a estar en el Premundial y primero Dios estar en el Mundial; ahora por mi parte estoy concentrado en eso”.

“Una persona tranquila, una persona emprendedora, que está batallando por dejar el Jesús que era antes, que nada más jugaba por jugar, ahora es jugar porque hay una responsabilidad dentro del equipo, ya verlo como un trabajo, porque es algo que me va a mantener durante ciertos años, y eso me ha ayudado para cuidarme, es una segunda oportunidad que estoy aprovechando y que no voy a dejar ir”; con estas palabras “Cachuy” González se despide sabiendo que para llegar a conseguir sus metas tiene que ser dedicado y sacrificar algunas cosas que lo harán más fuerte y decidido para poder buscar una oportunidad en el continente europeo, que es a dónde quiere ir.

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